viernes, 14 de junio de 2013

Garibaldi en Peru (segun G. Bonfiglio)



 GARIBALDI EN EL PERU

(Articulo escrito por Giovani Bonfiglio)

Garibaldi (1807-1882) llegó al Perú en 1851, luego de haber estado brevemente en Estados Unidos (Nueva York) y Centroamérica. En realidad se encontraba es su segundo exilio; el primero cuando huyó hacia Brasil y Uruguay, en la década de 1830/ 40. Retornó en Italia para participar en las luchas por la independencia y debió huir de nuevo en 1849, tras el frustrado intento de defender la república romana. 

El segundo exilio fue un período triste y aciago para Garibaldi, su esposa Anita había muerto durante la penosa huída tras la derrota de Roma de 1849 ante las tropas francesas enviadas por Napoleón III para defender el Estado Pontificio. Por un lado, Garibaldi debió dejar sus hijos al cuidado de su madre y salió de Italia como refugiado político. Ningún país quería recibirlo, pues Garibaldi se había convertido en un "apestado" político; la causa republicana y de unidad italiana estaba en bancarrota; se vivía un fortalecimiento de la reacción monárquica en toda Europa tras los fallidos intentos revolucionarios de 1848. Por otro lado el bloque político italiano favorable a la unidad e independenica se había resquebrajado, con profundas divisiones internas; los reproches entre Garibaldi y Mazzini eran fuertes. En ese contexto, luego de vagar por varios puertos del Mediterraneo (gracias al apoyo diplomático inglés), Garibaldi pudo viajar a Estados Unidos. Allí recibió el apoyo de algunos italianos que formaban parte de redes de refugiados políticos. En Nueva York Garibaldi tuvo que trabajar como obrero para sostenerse, hasta que recibió la oferta de un amigo suyo, Francesco Carpanetto, quien comerciaba con América del sur. 

Desde Nueva York se embarcó con Carpanetto, quien estaba en viaje de negocios y se dirigía al Perú, para reunirse con su barco "San Giorgio", que venía desde Europa al estrecho de Magallanes. Durante este viaje Garibaldi estuvo varios meses en Centroamérica: pasó por Cuba, Nicaragua y Panamá. En setiembre de 1851 desde centro América tomó un vapor inglés que lo llevaría al Callao. Ese vapor se detuvo temporalmente en Paita, (un puerto del norte del Perú), donde conoció a Manuelita Sáenz, quien había sido compañera y amante de Simón Bolívar. Seguramente con la ya anciana Manuelita conversó acerca de Bolívar, personaje que al igual que Garibaldi fue masón, libertario y luchador por la independencia de su patria. Finalmente llegó al Callao el 5 de octubre de 1851: "En Lima, cuenta Garibaldi en sus Memorias, donde encontramos al `San Giorgio', tuve una espléndida acogida de esa rica y generosa colonia italiana: y una mayor por parte de las familias Sciutto, Denegri y Malagrida. El señor Pietro Denegri me dio el comando del `Carmen', un barco de 400 toneladas, y me preparé para un viaje a China". 

Garibaldi en Sudamerica

En realidad en Lima y Callao, al igual que en casi todos los puertos latinoamericanos, en esos años se habían establecido pequeñas pero activas colonias de genoveses, marinos y mercantes que constituían la punta de avanzada de la moderna inmigración itaiana en América. Sus líderes eran favorables a la independencia italiana, pues muchos eran también refugiados políticos y anti monárquicos como reacción al hecho que Génova fuera anexada por la monarquía de los Saboya (entre los genoveses el odio a los Saboya tenía más una razón regionalista que ideológica). 

Garibaldi buscaba empleo mientras mejoraran las condiciones políticas en Italia. En Perú había demanda de capitanes de barcos, pues la marina mercante estaba en expansión, para conducir veleros que comerciaban guano de las isalas (el abono natural que se extraía de las islas del litoral peruano, y que consistía en la acumulación de excrementos de las numerosas aves marinas).

Capitán de barco 

En Perú Garibaldi adquirió la ciudadanía peruana, como condición para poder obtener la licencia de capitán de barco. Apenas quince días después de su arribo, el 20 de octubre, el capitán peruano Manuel de la Haza declaraba que Garibaldi: "natural de Génova y ciudadano peruano... había demostrado suficiente inteligencia en la náutica y en los mares de Europa y de América y en número mayor de viajes que los que se requieren para aspirar a la clase de piloto de altura" (Pinkey 1953). 

Garibaldi había estado buscando en Estados Unidos una licencia para navegar, cosa que allí no pudo obtener. Aparentemente su venida a Perú estuvo relacionada con la posibilidad de poder obtenerla acá, donde para la ley es necesario tener la nacionalidad peruana para conceder licencia de capitán de barco, por eso es que Garibaldi debió adquirir la ciudadanía peruana. Varios fueron los capitanes italianos que debieron adquirir la ciudadanía peruana para poder ejercer su oficio. La rapidez con que se concedió ese trámite a Garibaldi seguramente obedeció al prestigio que había conseguido en América Latina por su participación en las luchas políticas en Brasil y Uruguay durante los años 1830/40. No se puede descartar tampoco el papel de la masonería, institución a la que pertenecían Garibaldi y muchos liberales peruanos. 

Adicionalmente hay que considerar que en Perú funcionaba una célula de la "Giovane Italia", liderada por elmédico geonvés Manuel Solari (primo de Mazzini), quien también era refugiado político. Solari fue quien contactó a Garibaldi con un comerciante genovés Pietro Denegri, quien estaba incursionando el el comercio de guano. 
Islas Chincha (Die Gartenlaube, 1860)

En noviembre Garibaldi realizó un viaje a las islas Chincha (unos 200 km. al sur de Lima), para cargar guano. Durante el tiempo de carga desembarcó en Pisco y visitó varios lugares del departamento de Ica, recibiendo la entusiasta acogida de varios inmigrantes lígures que se habían asentado allí. A pesar de la fama que tenía Garibaldi, en el Perú no tuvo ningún reconocimiento oficial, pues era prófugo político. Y Giuseppe Canevaro, el cónsul del reino de Cerdeña (y de filiación monárquica), observó una actitud de distancia frente a él, obedeciendo disposiciones de las autoridades de Turín. El estudio de Prolo (1939) reproduce la siguiente carta escrita por Cónsul Canevaro a las autoridades del reino de Saboya en Turín el 8 de octubre de 1851: "Habiendo llegado al Callao el Sr. Garibaldi, algunos de los exaltados partidarios de Mazzini fueron a recibirlo... él hasta el momento no se ha presentado ante mí, aunque me han dicho que quería hacerlo. Por cierto él goza de gran admiración por parte de los militares de este país, debido a sus gestas en la guerra contra Rosas y en la defensa de Roma. Hasta ahora me he mantenido indiferente ante las manifestaciones de los mazzinianos a favor de Garibaldi... Los republicanos hacen sarcasmos a mis espaldas, porque no me he presentado a hacer una visita a Garibaldi, ... mi conducta ha sido aplaudida por el gobierno peruano y por varios distinguidos personajes de este país. Pues aunque este gobierno es republicano, la mayor parte y la más sana de los mandatarios y de la población odia tal sistema, por las continuas revoluciones internas que en el pasado han asolado a este país, y por el continuo despojo de la hacienda pública". 


General Cesar Canevaro (hijo de Jose Canevaro)


En realidad las autoridades peruanas no podían hacer ningún reconocimiento oficial a Garibaldi para evitar enfrentamientos diplomáticos con el reino de Cerdeña, con el cual tenían interés de estrechar relaciones diplomáticas. En 1851 gobernaba Rufino Echenique, de orientación conservadora y clerical, tendencia que era reacción a los desórdenes políticos que se habían dado en el Perú en las décadas anteriores. 

En lio con un francés 

En los días siguientes protagonizó un incidente con un ciudadano francés, que concitó la atención pública y estuvo a punto de generar un conflicto entre los italianos y franceses residentes en Lima. Como él mismo dice en sus Memorias: Me sucedió en Lima un hecho desagradable antes de emprender viaje. Al principio de mi estadía en Lima, yo residía en la casa de Malagrida donde, convaleciente todavía de la fiebre, recibía por parte de él y de su amable señora un cuidado y asistencia verdaderamente gentiles. A aquella casa llegaba en algunas oportunidades uno de esos franceses que profesan el `chauvinisme'. Yo, por naturaleza poco accesible y percibiendo a ese individuo muy propenso a hablar, evitaba en lo posible entablar conversación con él. Pero un día logró atraparme y, con desagrado por parte mía, me llevó al tema de la expedición romana de los ejércitos de Bonaparte. Naturalmente ese argumento me resultaba tedioso e intentaba, inútilmente, cambiarlo: y él, no solamente se obstinó en continuarlo, sino que se extralimitó en términos poco decorosos para los italianos. Yo le respondí con palabras un poco ásperas, manteniéndome en los límites de la decencia que merecía la casa en la que me encontraba, y allí terminó el incidente". 

Sin embargo ese ciudadano francés (que se llamaba Charles Ledó) publicó un artículo en el periódico Correo, en el que se hacía afirmaciones calumniosas sobre Garibaldi, al que tildaba de "héroe de pacotilla". Ese artículo estaba firmado con el seudónimo de "un galo", pero Garibaldi sabía quién era el verdadero autor. Días después Garibaldi buscó a Ledó en el almacén donde trabajaba y tuvo un enfrentamiento con él, en el cual Ledó llevó la peor parte. El incidente llegó a mayores, pues el francés llamó a la policía, argumentando haber sido agredido y cuando la policía intervino, un numeroso grupo de italianos impidió que Garibaldi fuese detenido, con lo cual el incidente adquirió el carácter de conflicto entre las "colonias" de italianos y franceses. 

Para evitar el enfrentamiento entre ambos grupos de inmigrantes, hubo varias conversaciones entre el encargado de negocios de Francia y Giuseppe Canevaro, ello se desprende una carta enviada por Canevaro a Turín, fechada el 25 de noviembre 1852 (Prolo 1939): "De los informes que pude obtener resultó que la mayor parte de los italianos aquí residentes estaban exaltados y dispuestos a pelear con los franceses, también por cierta antipatía que en general se tienen. En vista de ello me dirigí donde el Presidente de la República para que ordene diferir el comparendo que esa misma noche debían hacer Garibaldi y Ledó ante la policía. El Señor Presidente adhirió gustoso a mi pedido y luego de haberme manifestado su propensión a favor de los italianos, me solicitó que me reuniese con el encargado de negocios de Francia para llegar directamente a un acuerdo, con lo cual el gobierno peruano daría por concluido el incidente". 

El encargado francés de negocios, Rati Mentón, exigió inicialmente que Garibaldi hiciera una reparación por la agresión infligida a Ledó, mediante el pago de una suma de dinero a la Sociedad de Beneficencia Francesa. Pero Canevaro rechazó la propuesta por considerarla humillante y argumentó que la provocación había surgido por parte de Ledó (en realidad sabía que los italianos no habrían aceptado una solución de ese tipo). Propuso que ambos diplomáticos se encargaran de apaciguar los ánimos de sus respectivos conciudadanos y evitar que el conflicto llegara a un enfrentamiento. Cosa que debió ser aceptada por el representante francés quien desistió de sus reclamos. En sus memorias, Garibaldi menciona con agradecimiento el respaldo que los italianos residentes en Lima le dieron en esa oportunidad y que expresa el fuerte sentimiento de pertenencia étnica que ellos tenían, a pesar de que aún no se había dado la unidad italiana; eran los tiempos del "Risorgimento", se trataba de gente que se convirtió en "italianos" estando fuera de Italia. “Digno de mención es el amor que mis compatriotas me demostraron en aquellas circustancias. La policía de Lima, alentada por un furioso cónsul francés, quería arrestarme violentamente; pero el comportamiento de los italianos le quitó las ganas. Todos se mantuvieron dignos, ¡estaban todos!: en Lima se les encontraba por miles, toda gente fuerte y disponible. Todos estaban dispuestos para la revancha y a pedir, respetuosamente, al comisario de policía que no me arrestase. El comisario gritaba mucho, pero no me arrestó, rodeado, como estaba, por aquella muchedumbre de hombres, tranquilos pero decididos a lograr su propósito".

General Echehique (Presidente del Peru 1851)

Una vez terminado el incidente, Garibaldi envió un mensaje de agradecimiento a Canevaro, quien había tenido una actitud conciliadora hacia él. Aunque Garibaldi no era reconocido como ciudadano sardo (era prófugo político), recibió el apoyo diplomático de Canevaro, quien en realidad se vio obligado a interceder por él, debido a la presión de los italianos residentes en Lima. Posteriormente, cuando Canevaro estuvo en Italia (década de 1860), tuvo un acercamiento con Garibaldi, el cual era ya un héroe consagrado y se había reconciliado con la monarquía de Cerdeña. Incluso el hijo mayor de Canevaro, Felice Napoleone, nacido en Lima y siendo joven enviado a estuddiar en Italia, donde llegó a ser almirante de la marina italiana e incluso senador), participó en las milicias garibaldinas en 1860. 

De viaje en China 

El 10 de enero de 1852 Garibaldi partió hacia China (Cantón), llevando un cargamento de guano en el velero "Carmen", que había sido adquirido poco antes por Pedro Denegri en San Francisco (la tripulación de ese barco estaba compuesta casi íntegramente por lígures). El viaje de Garibaldi al Oriente duró un año, pues regresó en enero de 1853. 

Además de tocar las costas de China (colonia de Macao), tocó también las de Australia. Hay que mencionar que este viaje de Garibaldi generó una polémica entre sus biógrafos, pues algunos señalan que en su viaje de retorno al Perú desde China, Garibaldi trajo trabajadores chinos (culíes) que en esos años empezaban a llegar al Perú. En realidad se trataba de un tráfico de semi esclavos, pues eran trabajadores contratados en condiciones poco claras que luego eran "vendidos" a los hacendados peruanos para trabajar en plantaciones, en condiciones de trabajo muy duras y sin libertad para salir de las haciendas. En realidad esa es una suposición, de las cual no se han encontrado evidencias. 

Lo que se sabe con certeza es que, cuando Garibaldi ya no estaba en Perú, el velero "Carmen" que seguía en posesión de Denegri estuvo dedicado al transporte de colonos chinos al Perú. En 1858 ese velero fue hundido durante la travesía de regreso al Perú desde China, como consecuencia de un motín a bordo producido por los chinos que eran transportados en condiciones de esclavitud. Ver: Zanutelli Rosas, Manuel. "Una barca chinera". En: La Prensa. Lima, 9 de enero de 1982. 

Es posible que el viaje inaugural de la "Carmen", bajo la conducción de Garibaldi haya tenido por objeto abrir la ruta hacia el Oriente, pues eran los años en que empezaba a darse el transporte de colonos chinos al Perú, posibilitado por la ley de inmigración de 1849. Un estudio hecho por un biógrafo de Garibaldi, el profesor australiano Phillip Cowie demuestra que en realidad Garibaldi no transportó "mercancía humana", como algunos han insinuado (Ver Cowie 1983). 

El artículo de Prolo (1939) narra detalles interesantes de la travesía de regreso de Garibaldi. Según manifestaciones posteriores hechas por el lugarteniente de a bordo de ese barco a un periódico italiano, en la travesía de regreso se dieron varias dificultades (que Garibaldi no narra en sus memorias): una tormenta obligó a variar el rumbo y originó pérdida de tiempo, a consecuencia de lo cual los alimentos y el agua terminaron antes de lo previsto y debieron ser racionados (los tripulantes debieron pescar para alimentarse e incluso cazar las ratas a bordo). La situación se hizo bastante difícil por la queja de los tripulantes e incluso Garibaldi debió enfrentar un conato de motín, cosa que pudo evitar gracias a su carisma personal; arengó a los tripulantes como cuando estaba en el campo de batalla y debió evitar que varios se tirasen al agua en plena tormenta, pues pensaban que el barco estaba por hundirse. 

La versión de estos acontecimientos fue narrada por el lugarteniente de la "Carmen" que regresó a Italia para participar en la lucha por la unidad. En declaraciones recogidas por un periódico italiano, en un artículo donde no se menciona su nombre. Presentamos aquí un extracto de dichas declaraciones: "La tormenta duró tres días, que nos parecieron tres siglos de agonía. Sin Garibaldi la tripulación se habría ahogado antes que soportar los tormentos por los que pasó... Garibaldi no era un hombre que nos comandaba, era un semidiós... Pero no estábamos al final de nuestras desventuras, pues el armador Denegri daba a los marinos de sus barcos la menor cantidad posible de víveres, por temor a que se malogren... Los males que sufríamos se hacían intolerables, nuestras pupilas brillaban con luz enfermiza, el delirio se adueñó de nuestros sentidos y una sangrienta revuelta estuvo a punto de estallar. Solamente el prestigio y la capacidad elocuente de Garibaldi pudo evitarla...". (Ver: "Episodio inedito della vita di Garibaldi". En: Il Dovere Nº 84. Torino, 1859). 

Finalmente la barca "Carmen" llegó al Callao, aunque con la tripulación famélica. Antes del regreso de Garibaldi de su viaje a China, se reunieron en Lima numerosos refugiados republicanos italianos. "En esta ciudad va creciendo día a día el número de italianos emigrados, la mayor parte de los cuales está esperando el regreso de Garibaldi de su viaje a China. Temo que puedan generarme disgustos, pero puedo asegurarle que no permitiré abusos de ningún tipo y que sabré hacer respetar nuestro gobierno si en algunas demostraciones públicas lo injuriasen" (Carta de Canevaro al ministro de Relaciones Exteriores del reino de Cerdeña del 25 de noviembre de 1852) 

A su retorno a esta ciudad, Garibaldi fue objeto de atenciones por parte de sus partidarios y se realizaron banquetes en su honor. Manuel Solari, el representante de la "Giovane Italia" en el Perú, en esa oportunidad vendió bonos a favor de esa organización para financiar actividades militares en Italia. 

Recuerdos en Perú 

La presencia de Garibaldi durante esos meses ha dejado recuerdos en el Perú. Uno de ellos se refiere a sus actividades en el entorno de la masonería peruana, pues según testimonios de viejos masones del Callao, Garibaldi asistió a una reunión en ese puerto donde se inauguró una sección que recibió el nombre de "Cruz Austral" a sugerencia del mismo Garibaldi, el cual se había quedado impresionado por la constelación de la Cruz del Sur durante el viaje que acababa de realizar a China y a Oceanía. 

Durante su estadía en el Callao Garibaldi frecuentó a numerosos inmigrantes, con los que compartía sus anhelos por la independencia italiana. Varias anécdotas al respecto fueron recogidas posteriormente por Nino Barazzoni, médico que trabajó en el Callao a inicios de este siglo. Es que para los inmigrantes italianos de Lima y Callao, Garibaldi se convirtió en leyenda viviente y símbolo de la lucha por la unidad italiana. Numerosas pulperías tenían una efigie del héroe y hasta se puso su nombre a varias compañías de bomberos en Chorrillos y a una en el Callao (en esta última se conserva aún la carta autógrafa de Garibaldi, enviada desde Caprera, en la que concede el permiso para usar su nombre). Varios inmigrantes italianos residentes en Perú hicieron acuñar, en 1862, una medalla conmemorativa de la operación quirúrgica hecha a Garibaldi por los médicos Nélaton y Zanatti, quienes le extrajeron la bala que lo había herido en la famosa batalla de Aspromonte (Guarisco 1981). 

Personajes de la colonia italiana en el siglo XIX

Garibaldi se mantuvo en relación con círculos republicanos italianos en América Latina y el Perú, que estuvieron bastante activos hasta la década de 1860. Las conexiones exteriores de los republicanos italianos se evidenciaron en la campaña internacional que se llevó a cabo para defender los intereses del Perú. Cuando en 1864 los españoles tomaron las islas Chincha, Garibaldi fue alertado por sus contactos en el Perú y se pronunció desde su exilio en Caprera, a través de una carta que envió en agosto de 1864 al periódico La Nation Suisse, de Ginebra. Lo mismo hizo desde el parlamento italiano Esteban Siccoli, quien había estado con Garibaldi en el Perú. 

Los republicanos garibaldinos en el Perú durante ese año fueron bastante activos; publicaron un periódico y difundieron varias proclamas. El 15 de mayo de 1864 apareció en Lima un periódico liberal cuyo título era "El Garibaldi" con el subtítulo "Periódico popular semanal". Su primer director fue Raymundo Moreno. Circuló hasta noviembre de ese año y tenía corresponsales en varias ciudades peruanas, entre los cuales figuraban varios italianos (Rainieri Mannucci en Trujillo; Luis Querzola en Cajamarca; D.J.B. Cúneo, en Paita; Francisco Longo en Moyobamba; Domingo Mazzini, en Cerro de Pasco; Pedro Guinazzi, en Tacna). Tenía corresponsales también en otros países: Carlos Reissig en Valparaíso; Cayetano Pezzi en Buenos Aires; Carlos Astengo en Montevideo; Tívoli en Londres; el periódico El Eco de Italia en Nueva York e incluso figuraba un corresponsal en Génova: era D.J.B. Cúneo, que en el número inicial del periódico figuraba como corresponsal en Paita. En las páginas de este periódico aparecieron numerosos escritos de inspiración republicana y anticlerical. Reproducía también artículos que llegaban de Génova, acerca de las gestas de la independencia italiana. Otros artículos alertaban a la opinión pública peruana sobre el conflicto con España de esos años. 

En marzo de 1864 circuló profusamente en Lima una proclama dirigida a los italianos residentes en Chile y Perú, tratando de alertarlos y promoviendo su participación en la defensa del territorio peruano. Es que los republicanos italianos temían un resurgimiento de las tendencias monárquicas en América Latina. La proclama (escrita en español) estaba dirigida "A los italianos de América" y recogía el punto de vista de los republicanos italianos que exigían a sus representantes diplomáticos una actitud firme en cuanto al rechazo de las pretensiones neocoloniales españolas y de restauración de la monarquia en América del sur. 

Al morir Garibaldi, en 1882, las instituciones italianas en Lima realizaron solemnes manifestaciones públicas de duelo y en el centenario de su nacimiento (4 de julio de 1907) la colectividad italiana colocó una lápida en su honor, en el "Jardín Schiantarelli", la casa donde el héroe residió en el Callao. 

Bibliografía 

Anónimo. "Breve historia de la `Cruz Austral'", En: El Heraldo Masónico Nº 7. Lima, mayo 1978. 
Barazzoni, Nino. "Garibaldi en Perú". En: Presencia italiana en el Perú. Lima, Instituto Italiano de Cultura, 1984: 249-278; 
Bonfiglio, Giovanni. Los italianos en la sociedad peruana. Una perspectiva histórica. Lima, 1993. 
Cowie, Phillip K. "Garibaldi in Peru: Note di natura commerciale" En: Presenza di Garibaldi in America Latina, Simposio Internazionale, Roma, 30 Maggio-2 Giugno 1983. 
Garibaldi, Giuseppe. Memorie autobiografiche. Firenze, Barbera Ed., 1888, pp. 263-275; 
Guarisco, Sergio. "La primera medalla de Garibaldi en el Perú". En: Numismática XXXII, Lima 1981; Gueze 1960; 
Montanelli, Indro y Nozza, Marco. Garibaldi. Milano, Ed. Rizzoli, 1962, 611 p.; Prolo 1939. 

Prolo, M.A. "Il soggiorno di Garibaldi a Lima" En: Rivista di cultura marinara, XVII, marzo-aprile 1939. 



NOTA: Me he permitido publicar integramente un articulo encontrado en internet de Giovani Bonfiglio sobre Garibaldi en el Peru, creditos totales para don Bonfiglio, ilustre sociologo peruano especialista en temas migratorios. Es lo primero que subo al blog luego de un largo receso.

3 comentarios:

José Abad dijo...

Qué interesante ensayo sobre el paso de Garibaldi por el Perú. Lo felicito e invito a visitar mi blog sobre Accidentes de Tranvía en Lima.

http://accidentetranvia.blogspot.com/

Eduardo Salazar dijo...

Estimado ose:

Gracias por sus palabras. El ensayo es de autoria del Profesor Bonfiglio.
Pasare a revisar su blog.

Saludos cordiales,
Eduardo

Marissa Consiglieri Nieri dijo...

Sr. Salazar,
Aplaudo su magnífica idea reproducir el ilustrativo ensayo de Bonfiglio en su blog. He aprendido mucho sobre la estadía de Garibaldi en el Perú, por lo que le agradezco.
Cordiales saludos,
Marissa Consiglieri Nieri
Port Hope, Ontario